lunes, 19 de julio de 2010

Mayakovski: 117

Oigan;
si encienden
las estrellas
es porque alguien las necesita. ¿verdad?
Es que alguien desea que estén,
es que alguien llama perlas a esas escupitinas.
Resollando
entre tormenta de polvo al mediodía
penetra hasta Dios,
teme haber llegado tarde
llora,
le besa las mano carniseca,
implora
que pongan sin falta una estrella
jura
que no soportará ese tormento
Y luego
anda preocupado,
aunque aparenta calma.
Dice a alguien:
¿ahora no estás mal, eh?
¿A que ya no tienes miedo?
Oigan, si encienden
las estrellas
es porque alguien las necesita ¿verdad?
Es indispensable
que todas las noches
sobre los tejados
arda
aunque sea una sola estrella.

Vladimir Mayakovski fue un poeta revolucionario, al pie de la letra fue el miembro del partido obrero social-demócrata de los bolcheviques y por haber sido la voz de la revolución rusa - claro que Mayakovski estaba en un conflicto ontológico con los literatos tradicionalistas.

Son escalofriantes las líneas confusas por causa del odio, que le dedicó otro escritor ruso Iván Bunin desde su despacho emigratorio en París (barin-aristócrata Bunin se fue de Rusia Soviética en 1918):

“…opino, que Mayakovski se quede en la historia literaria de los años del bolchevismo como el más bajo, el más cínico y el más dañino servidor del canibalismo soviético en cuanto a su alabanza literaria y de esta manera a su influencia en el populacho – aquí no basta con tomar en cuenta solo a un Gorki, la propaganda del cual con su fama mundial, con sus grandes y primitivas capacidades literarias de la mejor forma convenientes para el gusto de la muchedumbre, con gran fuerza de teatro, con las mentiras homéricas y con insistencia sin precedente prestó tal ayuda terrible y criminal al bolchevismo realmente a la “escala planetaria”. Y el Moscú soviético le pagó por todas sus alabanzas {a Mayakovski} no solo con gran generosidad, sino con el exceso idiota – por toda la ayuda, en el asunto de la perversión de la gente soviética, en la baja de su genio y gusto. En Moscú Mayakovski fue exaltado no solo como un gran poeta. Con motivo del reciente aniversario de su suicidio “El periódico Literario” declaró, que “el nombre de Mayakovski se encarnó en barcos, escuelas, tanques, calles, teatros y otras cosas duraderas. 10 barcos “Vladimir Mayakovski” circulan por los mares y ríos. “Vladimir Mayakovski” fue trazado en la coraza de 3 tanques. Uno de ellos llegó hasta Berlín, hasta el mismo Reichstag. El avión de asalto “Vladimir Mayakovski” abatía al enemigo desde el aire. El submarino “Vladimir Mayakovski” hundía a las naves en el Báltico. El nombre del poeta lo llevan: una plaza en el centro de Moscú, una estación del metro, un callejón, una biblioteca, algunos museos, la unidad administrativa en Georgia, un pueblo en Armenia, una aldea en Kaluzhskaya oblast, un pico de Pamir, el club de literatos en Leningrado, calles en 15 ciudades, 5 teatros, 3 parques, escuelas, koljozes… ”.

En esta crítica viperina Iván Bunin tuvo sus razones, y no obstante bajo las circunstancias de la situación política, mucho más tuvo razones ajenas – las de los enemigos de la URSS. Lo que explica muy claro, porque el escritor fue honrado con el correspondiente en este caso premio Nobel.

De todos modos es obvio, que Mayakovski, como poeta de la revolución, de la colectivización, de la industrialización y de las demás “…ciónes” - pero sobre todo, de la “ética nueva” fue el oponente principal de aquellos, quienes vivían muy lastimosamente la destrucción del imperio ruso y los martirios de la creación del estado soviético.

Usualmente suelen oponer Mayakovski a Mijail Bulgakov, quien a diferencia de Iván Bunin no se fugó al extranjero para disfrutar de los premios tipo Nobel, sino se quedó en Rusia (hay que notar que Stalin lo apreciaba mucho, al visitar varias veces su pieza de teatro “Días de los Turbín”). Mijail Bulgakov, fue continuador de la tradición, conservador, pobre, criticado fuertemente desde todos lados, muy solo y durante muchos años sin recibir reconocimiento tuvo bastantes motivos para odiar al poeta. Sin embargo a pesar de tantas discrepancias, los 2 incluso a veces jugaban al billar. Y hasta en el billar Bulgakov siempre perdía a Mayakovski. De todos modos, unos incluso afirman, que Bulgakov representó al poeta en su novela “El Maestro y Margarita” como Judas. Es que Mayakovski en su tiempo incluso juzgó en público a Gorki (el abogado de la elite intelectual), en cierto sentido traicionó a sus colegas por la Frente Izquierda del arte, etc.

Y al mismo tiempo también es verdad que a Mayakovski le sobraba el talento. Para comprobarlo basta con leer cualquier de sus versos. A la par de Alejandro Ródchenko y otros artistas revolucionarios Mayakovski fue uno de los creadores del vanguardismo soviético, enriquecido tanto al mundo del arte y a esto no se le puede negar.

Tal vez, que el poeta se cayera en una trampa de mala compañía como eso suele pasar con todos los poetas: no son pocos los libros, escritos sobre las relaciones muy extrañas entre Mayakovski y una tal Lilia Brik. Filósofo Sergei Kara-Murza cita en uno de sus libros el texto de A.Vaksberg “Lilia Brik”, un texto de los muchos, que salen todos los días en Rusia para volver a pisotear la enésima vez el cadáver de la URSS. “Una historia, descrita por A.Vaksberg, da asco, del cual uno se estremece, si va a comprenderlo en el marco de la moral habitual. Siempre he tratado de evitar cualquiera información sobre Mayakovski y Lilia Brik, no lo quiso saber. Y leo el libro de A.Vaksberg “de principiante”. Que no se enfade A.Vaksberg, pero así fue como él representó el caso: en torno del poeta se formó una especie de la corporación judía. Al aprovechar el enamoramiento loco de Mayakovski de Lilia Brik, esta corporación al pie de la letra devoraba al poeta, es difícil encontrar otra palabra. En el libro hay una foto terrible: en agosto del 1930, al saber, que el gobierno había decidido pasar a Lilia Brik la mitad de la herencia del poeta suicida (los derechos de autor), esta corporación se emborrachó de regocijo y estampó sus rostros felices. A.Vaksberg escribe: “El decreto del gobierno de entregar la herencia a Lilia Brik, lo festejaron justo en Pushkino, en la casa de campo, donde cada árbol y cada arbusto todavía recordaban la voz retumbante de Vladimir Mayakovski. Los Aragón se fueron y entonces todos se quedaron en su compañía y de esta manera pudieron abandonarse a la alegría sin ningunas limitaciones” [el autor del blog, igual que S.Kara-Murza, no tiene nada contra los judios, quienes son una parte idispensable del "mundo ruso", pero asì se presentan las relaciones entre el poeta y Lilia Brik por muchos criticos, quienes muy a menudo tambièn son judios].

El ataúd con el cuerpo del poeta estuvo expuesto tres días en la casa 52 de la calle Vorontsov, donde hasta el presente se ubica La Casa Central de los Literatos. La muchedumbre estuvo de pie no solo a lo largo de la calle, sino también en la plaza de la Rebelión.

Apenas hace un mes en la misma sala, donde estuvo el ataúd, Mayakovski dirigía las excursiones por su exposición personal “20 años de trabajo”. El entierro de Mayakovski pasó al tercer día desde su muerte – el 17 de abril. No había ningunas flores, el único adorno del ataúd fue la corona de hierro, compuesta por martillos, volantes y tornillos, con una escritura lacónica: “Al poeta de hierro – la corona de hierro”. La comisión funeral decidió, que el cuerpo de Mayakovski sería incinerado en el crematorio del monasterio Donskoi, que se había abierto desde hace 3 años y su uso en aquel entonces era todavía una novedad en Moscú, un peculiar vanguardismo, correspondiente a la imagen del poeta.

Yo emborronaré el mapa de lo vulgar
vertiendo la pintura en un vaso.
En un plato de gelatina mostré
los pómulos oblícuos del océano.

En las escamas de un pez de hojalata
leí la llamada de nuevos labios.
Y usted
¿se atreve
a tocar un nocturno
en la flauta de los canalones?


La página web del museo Mayakovski les ofrece una excurción virtual, pero les pido, que bajen el volumen, porque la música es horrorosa)))

2 comentarios:

  1. Interesante, habrá que leer a este poeta.

    A Bunin se le veía enfadado de verdad. ¿Era amigo de Solyenitzin? Entre la disidencia se repartían los Nobel ja, ja, ja.

    Saludos :))

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  2. Tal vez, que serían amigos, si hubieran podido estar en contacto, aunque Buin fue mucho mayor)))

    Saludos!

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