viernes, 3 de junio de 2011

Prisioneros de Stalingrado

Acabo de ver una pelicula estadounidense, llamada «Stalingrad» de la serie «Line of fire» del año 2000. En breves palabras, este filme documental es una de las muchas señales de la revision del fascismo, que recibimos ultimamente: a lo largo de los 50 minutos no había ni una palabra buena respecto a los rusos, y sin embargo predominaba el tono de simpatía hacía los pobres Nazis, caidos en el cerco infernal de Stalingrado…

Los directores lograron heroizar a los nazis, que no tenian miedo de "desafiar a las ordas innumerables de bolqueviques". Lamentablemente la "cantidad venció la calidad" y además …este maldito invierno – obviamente los rusos nunca tienen frio y pueden vivir mucho tiempo sin comer. Por eso en aquel entonces no salió exterminar al maldito pueblo salvaje, - a tal conclución nos conducen los jefes de “History Chanel”.

Solo escuchen a uno de los expertos anonimos, que aparecen en la peli: “Creo que es uno de los episodios más tristes de toda la batalla, cuando los alemanes dejaron las armas y fueron apresados, esos hombres muertos de hambre sufrieron un trato inhumano y bárbaro. 90 mil alemanes fueron hechos prisioneros y solo 5 mil sobrevivieron y pudieron volver a Alemania – algunos incluso 13 o 14 años después. Es cierto, que luchaban por un régimen que era malvado e inhumano, pero sus captores igualmente formaban parte de un régimen implacable, hostil y despiadado, personificado en el Ejercito Rojo de Stalin, y para los hombres y mujeres atrapados entre esas horribles fuerzas solo había crueldad e inhumanidad. Y creo, que ese último capítulo es una ironía final – incluso después de rendirse, cuando a los alemanes les había prometido buen trato, los rusos rompieron esa promesa y todo sería todavía más inhumano durante los siguientes 30 años, etc.”.

No nos interesan los juicios estimativos y no vamos a hablar de mala calidad de la peli, no obstante como el argumento sobre 90 mil “mártires” es bastante fuerte (hay otro aun más fuerte – sobre el destino de las mujeres de Berlin), les ofresco uno de los análisis de esta cuestión, hecho por nuestro historiador Grigori Pernavski.

¿Por que perecieron los prisioneros de Stalingrado?

De cuando en cuando en el Internet y en la prensa, en los articulos, fijados al aniversario de turno de la derrota de los alemanes bajo Stalingrado, se encuentran las mensiones sobre el triste destino de los prisioneros nazis. Con frecuencia su destino se compara con el de los millones de los soldados del Ejercito Rojo, martirizados en los campos de concentración alemanes. De esta manera los propagandistas sucios tratan de demostrar la identidad de los régimenes soviético y nazi. Sobre el trato de los prisioneros soviéticos por los alemanes esta escrito bastante. Y por lo que concierne al lado soviético, la URSS, al no haber firmado en su tiempo el Convenio Ginebra del 1929 relativo al trato de los prisioneros de guerra, en los mismos primeros dias después del inicio de la Gran Guerra Patria declaró, que iría a seguirlo (los nazis lo firmaron y no lo siguieron).

En la etapa inicial de la guerra no había dificultades con el trato de los prisioneros por la simple razón, que los había muy poco. En el periodo del 22 de junio al 31 de diciembre del 1941 por el Ejército Rojo fueron cautivados 9 147 hombres, y para el 19 de noviembre de 1942, cuando empezó la contraofenciva bajo Stalingrado, en los campamentos de retaguardia ingresaron aun 10 635 soldados y oficiales enemigos…

En las hojas volantes, dirigidas a los soldados alemanes y finlandeses, se les garantizaban la vida y buen trato. Sin embargo, la propaganda soviética no tuvo mas o menos notable efecto sobre el enemigo. Una de las causas de tal fracaso fueron casos repetidos de asesinato de los alemanes cautivados por los soldados del Ejército Rojo. Tales casos fueron relativamente pocos, no obstante los hechos de trato no humano de los prisioneros germanos por los soldados soviéticos sin tardar se exageraban mucho por la propaganda nazi. Como consecuencia justo el miedo de la muerte de manos del “enemigo despiadado” llegó a ser la causa del perecimiento de los muchos soldados de Wehrmacht, que preferían la muerte del hambre y tífis al cautiverio soviético.

A pesar de que desde el diciembre de 1941 hasta el abril de 1942 el Ejército Rojo se encontraba en la ofenciva continua, el no pudo captar una gran cantidad de los prisioneros. Esto se explica con retiradas oportunas de las unidades de Wehrmacht o con rápidos desbloqueos de sus subdivisiones acercadas, así, que los soviéticos no lograban cerrar los cercos. Como resultado, el primer gran cerco, realizado exitosamente por el Ejército Rojo, fue el cerco del 6 Ejército Germano bajo Stalingrado. El 19 de noviembre de 1942 fue lanzada la contraofenciva soviética. Al cabo de unos dias el cerco fue cerrado. El Ejército Rojo empezó la liquidación paulatina del cerco, simultaneamente rechazando los intentos de romperlo desde fuera.

Hay que notar, que problemas de aprovisionamiento en la agrupación de Paulus empezaron aun mucho tiempo antes del inicio de la operación soviética “Uranio”. En septiembre de 1942 la ración de víveres real, que recibían los soldados del 6 Ejército, fueron unas 1800 calorías para 24 horas, cuando la necesidad, considerando las cargas, fue de 3000-4000. En el octubre de 1942 el mando del 6 Ejército informó el OKH, que desde el agosto las “condiciones de vida en todo el radio de las acciones del 6 Ejército son igualmente malas”. La organización del suministro suplimentario a cuenta de la requisición de las fuentes locales ya fue imposible (mejor dicho, todo, que los soldados del glorioso Wehrmacht pillaron a la población civil, fue comido). Por esta razón el mando del 6 Ejército pidió aumentar la ración del pan para 24 horas desde 600 hasta 750 gramos. Las dificultades de abastecimiento solapaban con el agotamiento nervioso y físico de los soldados y oficiales. Para el momento del inicio de la contraofenciva soviética ello pareció horrible, sin embargo, el verdadero horror empezó después del 19 de noviembre. Los combates ininterrumpidos con el Ejército Rojo atacando, retirada lenta hacía Stalingrado, el miedo de la muerte, que cada vez mas parecía ineludible, sobreenfriamiento continuo y desnutrición, que poco a poco se convertió en el hambre, todo esto rapidamente minaba la moral y disciplina.

La desnutrición fue el problema principal. Desde el 26 de noviembre la norma de víveres en el cerco fue reducida hasta 350 gramos de pan y 120 gramos de carne. El 1 de diciembre los Nazis acercados se vieron obligados a reducir la norma de pan hasta 300 gramos. El 8 de diciembre la norma de pan fue reducida hasta 200 gramos. Vale la pena recordar, que la minima porción de pan, que se daba en Leningrado sitiado en noviembre-diciembre del 1941 fue de 250 gramos. Bueno, algún tiempo los alemanes compelementaban su pobre ración con las vituallas de carne de caballo.

Los hambrientos muy rápido pierden la capacidad de pensar, apatizan y se vuelven indiferentes a todo. La capacidad defensiva de las tropas germanas se reducía muy rápido. Los días 12 y 14 de diciembre el mando de la 79 división de infantería informó el cuartel general del 6 Ejército, que como consecuencia de los combates duraderos y de abastecimiento insuficiente, ella ya no tiene fuerzas para mantener más sus posiciones.

Para la Navidad, durante unos dias, a los soldados de la linea avanzada les daban complimentarios 100 gramos. Es sabido, que al mismo tiempo algunos soldados en el cerco recibían no más de 100 gramos de pan (para comparación: lo mismo fue mínimo en Leningrado sitiado, lo recibían los niños y personas dependientes en Oranienbaum). Incluso si no es así, una “dieta” semejante durante un periodo bastante largo para miles de los hombres maduros, aguantando las cargas físicas y psíquicas extremas significaba solo una cosa – la muerte. Y ella no les hizo esperar. Del 26 de noviembre al 22 de diciembre en el 6 Ejército fueron registrados 56 casos de muerte, “en los cuales la insuficiencia de alimentación jugó un papel esencial”.

Para el 24 de diciembre tales casos fueron ya 64. El 20 de diciembre desde el IV cuerpo de ejército fue recibido el informe, que “por la pérdida de fuerzas se murieron 2 soldados”. Vale la pena decir, que el hambre mata a los hombres maduros aun antes de que comienze la distrofia completa. En general, ellos aguantan el hambre peor, que las mujeres (las primeras víctimas en el sitiado Leningrado fueron los hombres aptos para el trabajo y los hombres, que trabajaban, que recibían una ración mayor, que los empleados y personas dependientes). El 7 de noviembre la mortalidad del hambre registrada entre los nazis ya fue de 120 hombres al día.

Paulus y sus subordinados reconocían perfectamente, en que posición desastrosa se cayeron sus tropas. El 26 de diciembre el jefe de retagurdia de la agrupación sitiada – el comandante von Kunovski en la conversación telegráfica con el coronel Fink, el jefe de retaguardia del 6 Ejército, que se encontraba fuera del cerco, escribió: “Yo le pido preocuparse por todos los medios en lo que mañana nos lleven en aviones 200 toneladas… Nunca en mi vida estaba en la mierda tan profundo”.

Sin embargo, ningunas súplicas no pudieron remediar la situación, que estaba empeorando ininterrumpidamente. En el periodo del 1 al 7 de enero en el LI cuerpo se daba una ración de 281 gramos bruto a un hombre para 24 horas, cuando la norma fue de 800. Pero en este cuerpo la situación no estaba mal. El promedio de entrega de pan en el 6 Ejército se redujo hasta 50-100 gramos. Los soldados de la linea avanzada recibían por 200. Es asombroso, pero con tan catastrófica carencia de alimentación, ciertos almacenes dentro del cerco al pie de la letra estaban repletos de víveres y así cayeron en las manos del Ejército Rojo. Este caso curioso esta vinculado con lo que para finales del diciembre, por la escazes aguda del combustible se paró por completo el transporte por camiones, y los caballos de tiro espicharon, si no fueron matados para la carne. El sistema de abastecimiento dentro del cerco se quedó desorganizado por comleto y con frecuencia los soldados morían del hambre sin saber que la comida salvadora se encontraba al pie de la letra a distancia de unos kilómetros de ellos. Aunque en el 6 Ejército se quedaba cada vez menos gente capaz de franquear de pie la distancia tan corta. En los días 20 de enero el comandante de una de las compañías, que tendría que hacer una marcha de uno y medio kilómetro fuera del fuego soviético, dijo a sus soldados: “Quien atrasa, se ve obligado a quedarse en la nieve y va a congelarse”. El 23 de enero la misma compañía para pasar la marcha de 4 kilómetros necesitó el tiempo desde las 6 de la mañana hasta la noche. Desde el 24 de enero el sistema de abastecimiento dentro del cerco se desmoronó completamente. Según los testigos, en algunas zonas del cerco la alimentación se mejoró, ya que no había mas ningún control de distribuición de la alimentación. Los contenedores arrojados desde los aviones, se robaban, ya que no había fuerzas para organizar su distribuición. El mando tomaba las medidas más dracónicas contra los saqueadores. Las últimas semanas del cerco la gendarmería de campo fusiló docenas de los soldados y suboficiales, pero para la mayoría de los cercados enloquecidos del hambre ya le daba igual. Los mismos dias en otras zonas del cerco los soldados recibían por 38 gramos de pan, cuando una lata de chocolate “Cola” (son unas pastillas de chocolate tónico con el tamaño de palma) se dividía entre 23 personas.

Desde el 28 de enero la alimentación de la manera organizada se daba solo a los soldados de la linea avanzada. Conforme a la orden de Paulus los últimos dias del cerco los enfermos y los heridos no recibían ninguna alimentación en absoluto. Hasta al tener en cuenta lo que la gran cantidad de los heridos fue llevada en aviones, el cuartel general del 6 Ejército, que no controlaba la situación, creía, que para el 26 de enero los heridos fueron 30-40 mil hombres. Las muchedumbres de los heridos andantes y enfermos deambulaban por todo el territorio del cerco en búsqueda de lo comestible y así contagiaban a los soldados no enfermos.

Por los datos no confirmados en los dias 20 de enero fueron notados los casos de canibalismo.

El otro látigo del ejercito, asediado bajo Stalingrado fue el frio. No se puede decir, que el otoño tardío y el invierno de los 1942-1943 en las estepas del Volga fueron extremados. No. Así, el 5 de diciembre la temperatura fue de 0 grados centigrados. La noche del 10 al 11 de diciembre ella bajó hasta menos 9, el 15 de diciembre ella volvío a subir hasta zero. En enereo se hizo mucho frio. Durante todo el mes la temperatura de noche se oscilaba de menos 14 a menos 23 bajo zero. Los días 25-26 de enero, cuano empezó la agonía del ejército de Paulus, las columnas de mercurio bajaron hasta menos 22. La temperatura promedia de día en enero oscilaba de zero a 5 grados del frio. Con esto la estepa de Stalingrado siempre fue ventilada con el viento frio húmedo y violento. Otra particularidad de las estepas del Volga, igual, que de todas las estepas, es que allí casi no hay árboles. El único lugar, de donde teóricamente se podría suministrar el combustible (leña o carbón), fue Stalingrado. Sin embargo, no había en que suministrarlo. Como resultado, al hambre se juntó uno más “asesino silencioso”. En las condiciones usuales, si uno puede calentarse y descansar y con esto se alimenta bien, la estadía prolongada en el frio no le presenta ningún peligro. La situación en Stalingrado fue diferente. Claro, que el comando germano tuvo en cuenta las lecciones del invierno 1941-1942. Para Wehrmacht fueron diseñados los juegos de ropa caliente, de algodón, gorras con orejas de piel y un montón de accesorios para calentar los blindajes. Una parte de esta riqueza alcanzó al 6 Ejército, y no obstante, no les faltó a todos los soldados la ropa de abrigo. A medida de la muerte de los habitantes del cerco, cada vez era más fácil conseguir la ropa, porque que los cadaveres ya no la necesitaban. De hecho para el momento de la capitulación de Paulus las necesidades de los asediados en la ropa de abrigo, fueron sobresatisfechas. Sin embargo, para calentarse uno necesita también el fuego, y recibirlo resultó demasiado difícil. El frio y la humedad hacían su asunto. Las quemaduras por frio y helamientos, agravamiento de las enfermedades crónicas, promblemas con el sistema inmunitario, neumonía, enfermedad de los riñones, furunculosis, eccema, - es una lista apocopada de las enfermedades, que vienen con el sobreenfriamiento permanente. Lo más duro en el frio fue para los soldados heridos. Hasta el rasguño más sencillo pudo convertirse en una gangrena. Lo horrible fue lo, que hasta los soldados heridos moderadamente tenían que ser evacuados para la retaguardia. El concepto original de la “Medicina de la guerra relámpago” no suponía, que Wehrmacht podría caerse en los cercos, desde los cuales sería imposible evacuar a los heridos y entonces para el sistema de evacuación no fueron previstos los puestos de Socorro ni de los batallones, ni de los regimientos. En la linea avanzada, en las tropas había solo primeros auxilios y casi no había cirujanos calificados. De esta manera los heridos fueron condenados a la muerte.

Además desde los finales de septiembre los soldados del 6 Ejército tuvieron que conocer una desgracía más: los piojos. Especies biologícas: piojos de cabeza (Pediculus Humanus Capitis), piojos de ropa (Pediculus Humanus Corporis) – pueden vivir como parázitos solo en los hombres. Es posible, que unos portadores de piojos llegaron a Stalingrado juntos con el ejército y también es posible, que los soldados de Wehrmacht hubieran contagiado de los lugareños o en las condiciones terribles de la ciudad, cuando usaban las cosas. Los piojos se reproducen con una velocidad terrible. Un piojo puede traer 50 000 larvas por semana. Es asombroso, que los alemanes, cuyo nivel de medicina superaba al soviético, no lograron vencer a los piojos. Es que ellos usaron contra los parásitos los polvos químicos, mientras en el Ejército Rojo, que tenía la triste experiencia de la Guerra Civil, el medio principal de la lucha contra los insectos fue tratamiento de la ropa con el vapor, corte de cabello “zero” y sauna. Por supuesto, los piojos no “tenían piedad” a nadie, pero “apreciaban” más a los soldados alemanes. Naturalmente, fue muy complicado organizar las saunas y calentamiento de la ropa en las estepas de Stalingrado. Ademàs los soldados alemanes apatizando ya no observaban las normas elementales de higiene personal. Fue por esta razón que ya desde el octubre el 6 Ejército se llenó de piojos. Uno de los dias del otoño tardío de los 12 prisioneros de guerra en un hospital militar de campo fue quitdao 1,5 kilos (!) de piojos, entonces el promedo fue 130 gramos para un soldado. ¡De esta manera con el peso promedio del piojo adulto – 0,1 mg de un herido quitaban hasta 130 mil piojos! Las muertes singulares de tífis petequial y de otras enfermedades infecciosas se observaban en la agrupación de Paulus aun antes del cerco, pero las últimas semanas del cerco los enfermos se concentraban en Stalingrado, así que paulatinamente la ciudad se convertió en un verdadero foco de tífis.

Aun antes del inicio de la contraofenciva bajo Stalingrado el comando soviético a base de los testimonies de los prisioneros y de los informes de reconocimiento en general tenía idea de lo, que pasaba en el ejército de Paulus, pero nadie pudo esperar, cuanto mal estaban las cosas. Desde el 19 de noviembre de repente se incrementó el ingreso de los prisioneros. Resultó, que muchos de ellos se encontraban en un estado bastante agotado, llenos de piojos y además sufrían de sobreenfriamiento. Después de unas semanas el comisario del pueblo para los asuntos internos Lavrenti Beria, preocupado por alta mortalidad entre los prisioneros de guerra, mandó a sus subordinados analizar sus causas. Notamos, que es poco probable, que Lavrenti Pávlovich se guiaba por los principios de humanismo. Primero es que alta mortalidad entre los prisioneros podría ser aprovechada por la propaganda enemiga. Segundo, cada muerto alemán o rumano por causa de su muerte no podría ser usado para los trabajos de recuperación del país, cuando la mano de obra, hasta la mano de los prisioneros de guerra, fueron extremadamente necesarias. Y por fin, tercero, los competidores y malévolos podrían dudarse de las capacidades organizatorias del comisario general de la Seguridad Estatal.

El 30 de diciembre el comisario adjunto para los asuntos internos de la URSS Iván Serov presentó a su patron una nota, en la cual se decía:

“Debido al éxito del Ejército Rojo en los frentes del Sureste, de Stalingrado y de Don, el embarque de los prisioneros se realiza con grandes dificultades y como resultado de ello surge alta mortalidad entre los prisioneros de guerra. Según el analisis, las causas principales de la mortalidad son las siguientes:

1) Los prisioneros rumanos y italianos desde hace de 6-7 a 10 días antes de rendirse, no recibían la comida debido a lo, que toda la alimentación, que suministraban al frente, iba en primer termino para las unidades alemanes.
2) Despues de cautivar a los enemigos, nuestras unidades hacen a los prisioneros caminar 200-300 km hasta el ferrocarril, pero como no esta organizado su abastecimiento por las unidades de retaguardia del Ejército Rojo, no les dan de comer durante 2-3 dias.
3) Los puntos de concentración de los prisioneros, igual que los puntos de recepción de NKVD tienen que ser abastecidos con la alimentación y uniforme por el Cuartel General de retaguardia del Ejército Rojo para todo el tiempo del transpore. Pero esto no se hace practicamente y en ciertos casos durante el embarque a los prisioneros les dan en vez de pan la arina y no les dan la vajilla.
4) Los vagones, recibidos de los órganos de comunicación del Ejército Rojo para el transporte de los prisioneros, no estan equipados con las tarimas y estufas y en cada vagón se embarcan 50-60 personas.

Ademas gran parte de los prisioneros de guerra no tiene ropa de abrigo, cuando los sevicios de los frentes y los ejércitos no dan para estos objetivos la propiedad de trofeo a pesar de la instrucción de camarada Jrulov rerspecto a estas cuestiones…

Y por fin, en contra del Reglamento sobre los prisioneros de guerra, aprobado por el Soviét de los comisarios de pueblo de la URSS, y en contra del circular del Departamento militar principal de sanidad del Ejército Rojo, los hospitales de frentes no atienden a los heridos y enfermos prisioneros de guerra y ellos se dirigen directamente en los puntos de recepción”.

La nota provocó una reacción bastante dura en los altos del Comando del Ejército Rojo. Ya el 2 de enero de 1943 fue publicada la respectiva orden del comisariado de pueblo para la Defensa №001. Ella fue firmada por el comisario adjunto para la Defensa, jefe de Servicio de intendencia de Ejército Rojo, general-coronel del Servicio de intendencia A.V.Jrulov, pero no cabe duda, que este papel también fue visto por el mismo comandante en jefe.

Adelantando, vale la pena precisar, que durante todo el año 1943 no lograron normalizar la evacuación de los prisioneros de guerra desde el frente. Se puede suponer, que la orden tan importante fue dada demasiado tarde, y sería tonto esperar, que ella pudiera ser cumplida de la manera adecuada en un periodo menor de un mes, cuando sobre el Ejército Rojo cayó el flujo de los prisioneros agotados hasta el límite y enfermos.

Paulus rechazó el ultimatum del Comando soviético (según las memorias de Rokossovski, los parlamentarios soviéticos fueron sometidos al tiro del lado alemán) y el 10 de enero de 1943 en los accesos de Stalingrado se desplegó el infierno… El comandante de regimiento de granaderos №767 del grupo de infanteria №367 Luitpold Steidle recordaba lo siguiente de los acontecimientos posteriores:

“El 10 de enero a las 8 horas y 5 minutos los rusos abren el fuego de artillería aun más fuerte, que el 19 de noviembre: 55 minutos aullan “los órganos de Stalin”, retumban las piezas pesadas – sin receso, salva tras salva. El fuego huracanado reara toda la tierra. Ha empezado el último asalto del cerco. Luego el retumbar de las piezas cesa y se acercan los tanques, pintados en blanco, tras ellos van los fusileros en capotes de camuflaje. Quedamos Marínovka, luego nos vamos de Dmítrievka. Todo lo vivo sale pitando hacía Rossoshka. Nos atrincheramos al lado de Dubinin y en 2 días estamos en la zona de la estación Pitómnik. El cerco se aprieta gradualmente del occidente hacía el oriente: el 15 de enero – hasta Rossoshka, el 18 de enero – hasta la linea Voropónovo – Pitómink – pueblo Gonchar, el 22 de enero – hasta Verjne-Elshash – Gúmrak. Luego rendimos Gúmrak. Se desaparece la última posibilidad de evacuar los heridos en aviones y recibir las municiones y víveres. (…) El 16 de enero nuestra division deja de existir (…). La desorganización se hace más fuerte. Algunos oficiales, como por ejemplo el jefe del departamento operativo del cuartel general de nuestra división mayor Vilutski se largan en avión. Después de la pérdida de Pitómnik los aviones se aterrizan en Gúmrak, al cual los rusos sin parar someten al tiro. Algunos oficiales despues de la disolución de sus subdivisiones se huyen en secreto a Stalingrado. Cada vez más oficiales quieren uno por uno abrirse el paso hacía el frente alemán, rodando hacía atrás. Tales hay también en mi formación (…)”.

Poco tiempo después el mismo Steidle se juntó a este flujo melancólico. En Stalingrado en este tiempo aun pasaban los combates callejeros, la ciudad al pie de la letra estuva replete de los soldados y oficiales, que no sabían, que tendrían que hacer ahora. Alguien acariciaba la esperanza de salir del cerco a solas, alguien quería entender, que pasaba y recibir las ordenes claras, y alguien simplemente tenía esperanza encontrar en la ciudad la comida y refugio. Ni primeros, ni segundos, ni terceros lograban sus objetivos. Stalingrado en la segunda mitad de enero se convertió en la isla de desesperación, sometida al tiro desde todos lados: “Por la calle frente a las ventanas enrejadas van las cantidades innumerables de los soldados. Ya durante muchos dias ellos pasan de una trinchera a otra, revuelven los vehículos abandonados. Muchos de ellos vinieron de los sotanos fortificados de la periferia de Stalingrado; los desalojaron los grupos de asalto soviéticos; ellos buscan aquí, donde refugiarse. Ya por aquí, ya por allá aparece oficial. En este tumulto el trata de reunir los soldados aptos para luchar. Sin embargo, muchos de ellos prefieren juntarse a alguna subdivisión en calidad de los atrasados. Las tropas soviéticas atacan y avanzan sin parar de un cuadro, jardín, territorio de fábrica al otro, apoderandose de una posición tras de otra. (…). Muchos estan cansados hasta el límite y simplemente no pueden dejar este frente ya desmoronado. Estos siguen luchando porque junto con ellos estan otros, que intentan defender su vida hasta el último cartucho – son aquellos, que todavía ven en soldado soviético un verdadero enemigo o tienen miedo de castigo.

Por nuestro alrededor estan ruínas y escombros humeados de grande ciudad y tras ellos corre el Volga. Nos disparan desde todos lados. Donde aparece un tanque, allí simultaneamente esta presente la infanteria soviética, que sigue detrás del “T-34”. Se escuchan claramente los disparos y la música horrible de los “órganos de Stalin”, que dentro de los ratos cortos hacen el fuego de barrera. Ya desde hace mucho es sabido que contra ellos no hay ninguna protección. Apatia es tan grande, que ya no causa inquietud. Es mucho más importante sacar de los bolsillos de los matados y heridos algo comestible. Si alguien encuentra las latas de carne, las come muy lento y limpia la lata con los dedos hinchados así, como si de estos últimos restos depediera, si iría a sobrevivir o no. Y aquí tienen otro espectaculo espantoso: tres o cuatro soldados encogidos estan sentados en torno de un caballo muerto, arrancando los pedazos de carne y lo comen crudo.

Así es la situación en el “frente”, en el borde delantero. Los generales lo saben muy bien, igual que nosotros. Les “informan” de todo esto y ellos premeditan las nuevas operaciones de defensa”.

Por fin, del 30 de enero al 2 de febrero los restos de las tropas alemanes, que se defendían en el cerco, rendieron las armas. Para sorpresa de los militares soviéticos (que evaluaban la agrupación cercada aproximadamente en 86 mil hombres) solo del 10 de enero al 22 de febrero pasaron al cautiverio 91545 alemanes (entre ellos 24 generales y unos 2500 oficiales), y ademas fueron decenas de miles de los caidos. El estado de los prisioneros era desastroso. Más de 500 personas estaban inconscientes, un 70% tenía la distrofia, practicamente todos sufrían de avitaminosis y estaban en el estado del extremo agotamiento físico y psíquico. Eran generalizados neumonía, tuberculosis, enfermedades de corazón y de riñones. Casi el 60% de los prisioneros tenía congelaciones de 2-do y de 3-er grado con complicaciones en forma de gangrena y septicemia general. Por fin, el 10% se encontraba en un estado tan grave, que no había ninguna posibilidad de salvarlos. Además los prisioneros venían a las tropas irregularmente, durante todo el enero, cuando la orden sobre organización de gran campamento del frente fue dada el día 26 de este mes. Aunque el campamento, o mejor dicho varios campamentos-distribuidores, unidos en la administración №108 con el centro en el pueblo Béketovka, empezó a funcionar ya en los primeros dias de febrero, por supuesto no lograron organizarlo como fue debido.

Pero para empezar, a los prisioneros había que evacuarlos de Stalingrado y de alguna manera trasladarlos a los campamentos, que se encontraban a una distancia no mayor de una marcha de 24 horas de la unidad militar, formada por los hombres sanos. Hoy día Béketovka ya entró en dentro de los límites de la ciudad de Volgogrado. En verano el camino de pie del centro de la ciudad a este barrio lleva unas 5 horas. En invierno este camino va a demorar más tiempo, aunque igual para una persona sana tal “viaje” no será demasiado difícil. Otra cosa es alemanes agotados hasta el límite. No obstante había que evacuarlos de Stalingrado. La ciudad fue destruida casi por complete. No había viviendas, aptos para el alojamiento de grandes cantidades de gente, no funcionaba el sistema de abastecimiento de agua. Entre los prisioneros seguían extendiendose tífis exantemático y otras enfermedades contagiosas. Quedarlos en Stalingrado significaba condenarlos a la muerte. Las marchas duraderas hacía los campamentos tampoco prometían nada bueno, pero por lo menos daban algunos chances de salvamento. En cualquier momento la ciudad podría convertirse en un foco epidémico y las enfermedades mortales podrían pasar a los soldados del Ejército Rojo, que se concentraban en Stalingrado también en grandes cantidades. Ya los dias 3-4 de febrero a los alemanes capazes de moverse, que aun esperaban, que les fusilarían, los formaron en las columnas y empezaron a llevar de la ciudad.

Algunos historiadores modernos comparan la evacuación de los prisioneros de Stalingrado con las “marchas de muerte” en Asia Sureste, durante las cuales de manos de los japoneses se murieron miles de los prisioneros estadounidenses y británicos. ¿Si hay razones para tales comparaciones? Más bien “no”, que “sí”. Primero, las bestialidades de los japoneses se confirman con los testimonios concretos y numerosos. Segundo, los estadounidenses y británicos caían al cautiverio sanos o relativamente sanos (a propósito, igual, que soldados del Ejército Rojo, que caían prisioneros de los alemanes). En el caso de Stalingrado las escoltas tenían asunto con la gente, cuya gran parte de hecho estaba con el alma en la boca. Hay testimonios anónimos, que los escoltas fusilaban a algunos prisioneros, agotados hasta el límite, que ya no podían moverse. Al mismo tiempo el médico militar Otto Rühle en su libro “Curación en Elábuga” cuenta, que a todos los soldados alemanes, que caían, los sentaban a los trineos y llevaban hasta el campamento. El coronel Steidle describe su camino al campamento así:

“Grupo de los oficiales, completado por unos soldados y suboficiales - nos formaron en una columna de 8 filas por 8 personas. Tuvimos por delante una marcha, que exigiría de nosotros la tensión de todas las fuerzas. Nos tomamos de los brazos. Tratamos de mantener el ritmo de marcha. Pero para aquellos, que andaban al final de la columna, la marcha igual era demasiado rápida. Las llamadas y peticiones de andar más lento no cesaban y esto fue cuanto más claro, que tomamos con nosotros a los muchos con pies enfermos, que se movían con dificultad pese a que el camino helado era pisoteado y llano como un espejo. ¡Que no ví yo como soldado en estas rutas! Las filas infinitas de las casas, y delante de ellas – hasta ante las barracas más modestas – las huertas y jardines cuidados con amor, y detras de ellas – los niños jugando, para los cuales todo lo, que pasaba si bien llegó a ser rutinario, si bien se quedó incomprensible. Y después todo el tiempo se extendían los campos, alternados con las franjas de los bosques o con las colinas en suve declive. En lo lejos se divisaban los contornos de empresas industriales. Durante horas marchabamos o ibamos en trineo a lo largo de los ferrocarriles y canals. Fueron probados todos los tipos de marcha – hasta la marcha por el camino montañoso en la altura, que producía vértigo. Y otra vez las marchas cerca de las ruinas ahumadas, en las cuales fueron convertidos los pueblos, que existían centenas de años. (…) Por ambos lados de nuestro camino se extendían los campos cubiertos de nieve. Por lo menos, así nos pareció aquella mañana de enero, cuando el aire frío se mezclaba con la niebla y la tierra como si se perdiera en la infinidad. Solo a tiempos se podia ver a los prisioneros amontonados apretadamente, que igual que nosotros, hacían esta marcha, ¡la marcha de culpa y vergüenza! (…) Aproximadamente dentro de 2 horas llegamos hasta gran grupo de edificios en la entrada en Béketovka”.

Con esto Steidle destaca el comportamiento correcto de la escolta y aquel hecho, que los soldados disparando al aire echaban a los civiles, que trataban de acercarse a la columna.

Los prisioneros de Stalingrado seguían rindiendose hasta el 22 de febrero del 1943. Este día en la ciudad y en sus alrededores había 91545 de los militares enemigos, aunque una parte de ellos ya estaba muerta. Desde los primeros dias surgieron grandes problemas con el alojamiento de los prisioneros. En particular el campamento de Béketovka no fue equipado con suficientes areas. Volvemos a recurrir a las memorias de Steidle:

“Nos alojaron en todos los lugares desde el sótano hasta el desván, en gran parte por los grupos de ocho, diez o quince personas. Quien desde el inicio no logró conquistarse el lugar, tenía que estar de pie o sentado de cualquier modo en los rellanos. Pero en este edificio había ventanas, tejado, agua y cocina espontanea. Frene al edificio principal se encontraban los retretes. En el edificio vecino estaba la unidad de sanidad con los médicos y enfermeras soviéticos. Nos permitieron cualquier hora del día pasear por el gran patio, encontrarnos y hablar unos con otros.

Para evitar el contagio de tífis, cólera, peste y todo aquello, que podría surgir con tal concentración de la gente, fue organizada la gran compañía de vacunación. Sin embargo, para muchos esta empresa resultó retrasada. Las epidémias y graves enfermedades fueron extendidas aun en Stalingrado. Quien se enfermaba, se moría a solas o entre los camaradas, donde sea: en el repleto sótano, equipado a prisa como hospital de campaña, en algún rincón, en una trinchera cubierta de nieve. Nadie se preguntaba, de que se moría el otro. El capote, bufanda, gorra del muerto no se perdían – en ello necesitaban los vivos. Justo a través de ello se contagiaban muchos y muchos de nosotros. Y aquí en Béketovka se manifestó lo, que nosotros creíamos, que era imposible, pero lo que hizo extremadamente claro tanto el caracter criminal de las acciones de Hitler, como nuestra propia culpa por no haber realizado la solución madurada desde hace mucho: aquí se manifestó el fracaso físico, psíquico y spiritual de la escala sin precedente. Muchos de los, que lorgaban salir el camino del infierno de Stalingrado, no aguantaron y perecieron del tífis o del agotamiento complete de las fuerzas físicas y psíquicas. Cualquiera, que todavía unos minutos atrás estava vivo, podía inesperadamente cayer en el piso e ya dentro de cuarto de hora quedarse entre los muertos. Cualquier paso para muchos podía volverse el fatal. Paso al patio, de donde nunca vas a regresar, paso por el agua, que nunca vas a beber, paso por la hogaza de pan, que nunca vas a comer más… Inesperadamente cezaba a latir el corazón.

Las mujeres sovíeticas – médicas y enfermeras – con frecuencia sacrificandose y sin conocer el descanso, luchaban contra la muete. Ellas salvaban a muchos y ayudaban a todos. Y sin embargo, pasó no una semana antes de que lograran a cortar las epidémias”.

A los prisioneros de Stalingrado los mandaban no solo a la periferia de la ciudad destruida. En general, se suponía quedar en el lugar a los heridos, enfermos y 20000 personas más, que deberían ocuparse de la reconstrucción de Stalingrado. Los demás tenían que ser destinados a campamentos, que se situaban en otras regiones del país. Así, a los oficiales y generales, que sobrevivieron, los alojaron en Krasnogorsk, Elábuga, Súzdal y en la región de Ivánovo. Salió así, que justo aquellos, que fueron trasladados de la región de Stalingrado, formaron gran parte de los sobrevividos. Cuando a la mayoría de los prisioneros les tocó el destino triste. Al principio, se morían los heridos. Para el momento de aprisionamiento no menos de 40000 personas necesitaban en la hospitalización urgente. No obstante el campamento №108 al principio no tenía hospitals. Ellos empezaron a funcionar solo desde el 15 de febrero. Para el 21 de febrero 8696 prisioneros de guerra ya recibieron la ayuda médica – 2775 de ellos fueron congelados y 1969 necesitaron en operaciones cirurgicas debido a las heridas o enfermedades. A pesar de esto, la gente siguío muriendo.

La mortalidad total entre los prisioneros causó muy seria preocupación del gobierno de la URSS. En marzo fue formada la comisión conjunta del Comisariado del pueblo de la Salud, del Comisariado del pueblo de la Defensa, NKVD y de Comité Ejecutivo de la unión de las Sociedades de la Cruz Roja y la Media Luna Roja, que debería examinar los campamentos de la Administración de campamento №108 y determiner las causas de tan alta mortalidad. A finales del mes la comisión examine el campamento en Jrenóvoe. En el acto de examen se decía: “Según los datos de los actos de estado físico de los prisioneros de guerra, que llegaron al campamento, ellos se caracterizan con los siguientes datos: a) sanos – el 29%, b) enfermos y agotados – el 71%. El estado físico se determinaba por el aspecto exterior, al grupo de los sanos referían los prisioneros de guerra, que podían moverse independientemente”. Otra comisión, unos días después que examinó el campamento de prsisioneros de guerra “Velsk” en su acto notó:

“Se reveló el extremo pediculosis de los prisioneros, su estado es muy agotado. El 57% de la mortalidad caye en la distrofia, el 33% - en el tífis exantemático y el 10% - en otras enfermedades… El tífis, pediculosis, avitaminosis se registraban entre los prisioneros de guerra aun en el tiempo de su estadía en el cerco en el territorio de Stalingrado”.

En el resumen de la comisión se decía, que muchos prisioneros llegaron a los campamentos con las enfermedades, que tenían el caracter irreversible. Sea como sea, para el 10 de mayo del 1943 35099 de los primeros habitantes de los campamentos de Béketovka fueron hospitalizados, 28098 hombres fueron mandados a otros campamentos, y 27078 hombres más se murieron. A juzgar por lo que después de la guerra a Alemania regresaron no más de 6000 hombres, cautivados bajo Stalingrado, entre los cuales había muchos oficiales, cuya estadía en el cautiverio pasó en las condiciones relativamente confortables, se puede suponer, que la mayoría de los “stalingradienses”, captados por el Ejército Rojo, no sobrevivió el año 1943. De los errores cometidos en el invierno del 1943, cuando al lado soviético le tocó a recibir el gran grupo de los prisioneros, fueron sacadas las conclusiones. Ya a mediados del mayo a todos los jefes de campamentos fue enviada la Directiva de NKVD de la URSS sobre la necesidad de tomar medidas para el mejoramiento de las condiciones sanitarias de mantenimiento de los prisioneros de guerra.

Ulteriorimente los excesos, semejantes al caso de Stalingrado, ya no pasaron en los campamentos soviéticos para los prisioneros de guerra. En total en el período del 1941 al 1949 en la URSS de diferentes causas se murieron o perecieron más de 580 mil prisioneros de guerra de diferentes nacionalidades – el 15% del numero común de los cautivados. Para la comparación, las pérdidas de los prisioneros soviéticos ascendieron al 57%. Y si vamos a hablar de la causa principal de la mortalidad de los prisioneros de Stalingrado, ella es obvia: es el rechazo de Paulus a firmar la capitulación el 8 enero. No hay dudas, que en este caso muchos soldados alemanes igual no pudieran sobrevivir, y sin embargo, la mayoría lograra salvarse. Es poco probable, que alemanes se pondrían a participar en la organización del “Comité nacional por una Alemania Libre”, si un buen numero de los generales y oficiales alemanes no viera, con que indiferencia les trataba su propio Comando y después no sintiera en sí el espíritu de sacrificio, con el cual la sencilla gente soviética, sus enemigos, luchaban por su salud”.

10 comentarios:

  1. Buen texto, muy detallado.

    Se les ve muy preocupados por la suerte de los nazis. Parece que pasaban por la URSS para tomar unas copas de vodka.

    Analizar la basura antisoviética nos tomaría una vida entera a tiempo completo. Y todavía siguen.

    Aquí te dejo un análisis de la película Enemigo a las puertas:

    http://www.ka.rkka.es/index.php?option=com_content&view=article&id=81:idiotez-a-las-puertas&catid=3:falsificaciones-y-mitos&Itemid=8

    Saludos!!!

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  2. lo peor que nuestros directories siguen la misma onda de idiotizar las cosas. Sobre todo se destaca uno de los más famosos - Nikita Mijalkov, cuyas estupideces eclipsan las de "El enemigo a las puertas"... Con todo esto imagínate, que su padre la haber escrito el himno de la URSS después del collapso no se remoloneó a escribir la letra para el himno de la Rusia Postsoviética... Servilones de todos los régimenes.

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  3. Me parece que eres un memo, especialmente por creerte que la gente nos creemos la mamarrachada que has defecado.

    Stalin, monstruo para su propio pueblo (Holodomor ucraniano, isla Nazino, purgas de toda clase) era un tipo la mar de simpático con las tropas invasoras alemanas

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  4. no sé si te han defecado (habrá sido Gorbachóv?) o tienes otros origines, de todas formas llevas bastante mierda en la cabeza. Por ser insulso y cobarde pareces a todos los pipiolos de la tele.

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  5. todos los que critican a rusia,deben estar agradecidos, porque si no hubiera sido por esta gran guerra,no existirian las razas....mas de tres millones de soldados murieron pero en esta guerra contra rusia fueron donde mas murieron, inglaterra y francia estabn con caguitis y arrodillados y eeuu no entraba en la guerra porque estaba acojonado,pero gracias a Dios el nazismo no existe gracias a los rusos

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  6. Adrian, lo que dice es obvio para los historiadores serios, sin embargo, hay un monton de revisionistas y no les importa la verdad, juegan con las interpretaciones diferentes para sacar su provecho. Mire el facebook, las comunidades como "la Segunda Guerra Mundial", "Invadir Rusia en manga corta", cualquier comunidad dedicada a la historia actual estará llena de los neonazis europeos, hispanos, etc. ¿Cómo explicar esto? ¿Y como discutir con ellos, si no les importa la argumentación racional?

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  7. Que muera el 95% de hombres es ....normal.
    Mi respeto a tantas familias y su sufrimiento
    no tenían, ni tenéis ni piedad ni humildad ni humanidad....sólo sois animales asesinos.

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  8. El heroico ejército rojo derrotó a la peor peste que piso la tierra: el ejército alemán dirigido por los nazis. Aunque les duela, lacayos, fueron derrotados, PUNTO

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    1. Mira. Te diré una cosa. Y es que lo que importa no es la ideología o la procedencia de los soldados y civiles envueltos en la Segunda Guerra Mundial. Lo que importa es lo que hicieron. No nos olvidemos en en 1943, los rusos deportaron a 69.000 karachais desde el Cáucaso hasta Asia Central y Siberia. Y solo porque unos pocos karachais habían colaborado con los nazis.
      P. D.: No confundáis alemanes con nazis: ni todos los alemanes eran nazis ni todos los nazis eran alemanes, y lo mismo se puede decir de los soviéticos, los japoneses o quien sea.

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    2. Anónimo cobarde, tu podrías decir mil cosas más, la mitologia antisoviética es mucho más rica que tus pobres conocimientos. La deportación de ciertas énticas del Cáucaso por su colaboración EN MASA fue la única forma en aquel entonces de salvarlas. De otra forma los que de véras lucharon contra el fascismo pan europeo volivendo a casas pasarían por el cuchillo a sus paisanos por el colaboracionismo, así es el Cáucaso. Gracias a la deportacióne estos pueblos fueron salvados y no liquidados como suele pasar en Europa. No comento las bobadas de lo que no todos los alemanes eran nazis, sin embargo en su mayoria hacian la vista gorda a los crímenes de los nazis.

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